Cuando digo que mi mejor safari en Tanzania lo hice en diciembre, la gente suele poner cara rara. «¿Diciembre? ¿No es temporada de lluvias?» Y ahí empieza siempre la misma conversación. Porque sí, diciembre, enero y febrero no son los meses que salen en todas las guías como «la mejor temporada», pero son, para mí, el secreto mejor guardado del safari africano. Y te cuento por qué:
1. Las lluvias no son lo que imaginas
La gente escucha «temporada de lluvias» y se imagina días enteros de cielo gris y caminos embarrados. La realidad en Tanzania durante estos meses es otra: son las llamadas «lluvias cortas», chaparrones intensos pero breves, casi siempre por la tarde o de noche, que dejan el resto del día completamente despejado. De hecho, muchas mañanas amanecen con un cielo limpísimo, ideal para salir temprano al game drive. Y esa lluvia, lejos de ser un problema, transforma el paisaje.

2. El paisaje está en su mejor momento
La sabana deja de ser esa extensión dorada y seca que todos tenemos en la cabeza y se convierte en un mar verde, exuberante, lleno de vida. Los charcos y ríos temporales atraen animales, las flores silvestres aparecen por todos lados y la luz, con esas nubes dramáticas de fondo, es un regalo para cualquiera que ande con la cámara en la mano. Fotográficamente, para mí, no hay comparación.
3. Menos vehículos, más safari de verdad
Esto es, probablemente, lo que más valoro. En julio o agosto, en el momento pico de la Gran Migración, es común llegar a un avistaje y encontrarse con una fila de diez o doce vehículos rodeando al mismo leopardo. En diciembre, enero o febrero eso prácticamente no pasa. Muchos días tuve leones, elefantes o guepardos solo para mí, sin nadie más alrededor, con tiempo para quedarme observando en silencio sin la presión de «moverse» para dejarle lugar a otro grupo. Esa sensación de safari íntimo, casi privado, no tiene precio.
4. Viajar a Tanzania en temporada baja es lo mejor para ver crías
Con la llegada de las lluvias cortas, las manadas empiezan a moverse hacia el sur del Serengeti, hacia las llanuras del Ndutu, en busca de pastos tiernos. Ahí ya empiezan a verse las primeras crías del año: cebras, gacelas, impalas y algún elefante recién nacido, antes de que explote el gran pico de nacimientos de ñus en enero y febrero. Es un momento de previa, con la sabana reverdeciendo y los depredadores rondando cada vez más cerca. Si viajás en diciembre, alcanzás a ver ese preludio, con mucha menos gente alrededor que en los meses siguientes.

En diciembre del año pasado vimos crías de casi todos los animales: leones, guepardos, elefantes, leopardos, cebras, hienas, impalas, babuinos. Pero sin dudas, esta jirafa bebé fue la sensación-
5. Menos turistas, en general
No es solo en los game drives: los aeropuertos están más tranquilos, los restaurantes de las ciudades de entrada no están saturados, y hasta los trámites migratorios suelen ser más rápidos. Viajar fuera de temporada alta cambia el ritmo completo del viaje, no solo el del safari.
Por todo lo anterior, me animo a decir que un safari fuera de temporada no es «la segunda mejor opción»; es, en muchos sentidos, una experiencia distinta y en varios aspectos superior. A mí, personalmente, me dio otra perspectiva (y ahora elijo esta fecha por encima de cualquier otra).
Por eso si estás pensando en tu primer safari, o incluso, si ya hiciste uno en temporada alta y querés ver otra cara de Tanzania, diciembre, enero o febrero merecen estar en el radar.
Si estás listo para hacer el mejor viaje de tu vida, escribenos.
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