Y tú, ¿qué crees que es un «buen safari»?

Estamos en agosto, el pico de la temporada alta en Tanzania. Es el momento en que los pastizales se ponen más dorados, la sequía obliga a los animales a moverse alrededor de las fuentes de agua y la Gran Migración está en su máximo esplendor. Pero, como te contamos en entregas anteriores, los animales no son los únicos que se reúnen de a montones: agosto es también la temporada de mayor demanda en todos los safaris.

Esta semana, mientras hacíamos seguimiento a nuestros viajeros en Tanzania, recibimos este mensaje:

Nos quedamos pensando en ese mensaje, en el sabor agridulce que nos dejó en la boca. Así que volvimos a la pregunta que nos hacemos casi a diario, a modo de introspección y también de mejora: ¿qué es, en realidad, un buen safari?

No tenemos una respuesta cerrada, aunque sí tenemos en claro algunas cosas.

Primero, lo que no es.

Un buen safari no es el que se salta un camino para acercarse un poco más. No es el que persigue al animal hasta que este cambia de dirección solo para escapar de los coches. 

No es el que mide el éxito de la salida en función de la foto más cercana, ni el que convierte un avistamiento en una carrera. Y, como nos recordaba nuestro viajero, tampoco es, necesariamente, el que reúne a cien vehículos alrededor de una misma escena, aunque cada uno de ellos, por separado, esté haciendo las cosas bien.

¿Pero entonces?

En Udare estamos convencidos de que viajar a África, y en particular ir de safari, es un privilegio que viene con una responsabilidad: la de dejar el lugar, la fauna y las comunidades locales mejor de lo que los encontramos —o, al menos, no peor—. 

Ese compromiso con el turismo responsable no es una frase bonita para nuestra web; es lo que nos lleva a ser miembros de organizaciones que tienen un impacto directo y ético sobre el terreno, y que ayudan a transformar el modelo tradicional de turismo en África Oriental. 

Formar parte de TATO nos compromete operar bajo un marco legal estricto, que combate el intrusismo en el sector y garantiza servicios de calidad regulados por el propio gobierno de Tanzania. 

Nuestra alianza con FAADA y Kiliporters, por su parte, se traduce en compromisos muy concretos: de un lado, un trato digno, salarios justos y vestimenta adecuada para los porteadores del Kilimanjaro, para erradicar la explotación laboral en la montaña; del otro, protocolos de avistamiento que respetan el bienestar animal y evitan alterar los hábitats de la fauna salvaje. En conjunto, estos respaldos no solo dan seguridad y transparencia al viajero: demuestran que sí es posible construir una economía local sostenible, donde el turismo protege la biodiversidad y dignifica a las comunidades africanas.

También es lo que nos hace creer que el turismo, bien hecho, puede ser una herramienta de desarrollo y de protección animal. Cuando una comunidad encuentra en la fauna un motivo de ingreso y no solo una amenaza que gestionar, la ecuación cambia a favor de los animales. Por eso apoyamos el comercio justo, eligiendo proveedores y alojamientos que reinvierten en las comunidades donde trabajan.

Es también la razón por la que viajamos siempre con chofer y guía propios: personas que conocen el territorio, que respetan las normas del parque, y que no necesitan saltarse un camino ni pegarse más de la cuenta a un animal para ofrecer una buena experiencia. Como el conductor de nuestro viajero quién, aún rodeado de cien coches, logró que ellos pudieran ver al animal sin saltarse el camino.

Y es lo que hay detrás de nuestra insistencia en viajar en temporada baja, cuando hay menos coches, menos presión sobre los animales y el entorno, y —aunque parezca contradictorio— experiencias muchas veces más auténticas.

Todo esto, sumado a la comunicación constante con nuestros viajeros, es lo que para nosotros significa «un buen safari». No es una fórmula mágica ni una garantía de que nunca nos vamos a topar con cien coches alrededor de una cacería. Pero es nuestra manera de intentar que eso pase lo menos posible y de que, cuando pase, sepamos cómo actuar.

Pero esta no es una entrega para darte respuestas cerradas. Es una invitación a pensar con nosotros. Porque quizás un buen safari no es el que consigue la foto más cercana sino el que respeta el entorno que visita.

¿Y tú? ¿Qué crees que es un buen safari?

Y tú, ¿qué crees que es un «buen safari»?

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