Me llena de nostalgia recordar este viaje. En un momento de mi vida de muchos cambios e incertidumbres, me encontré con estas grandes personas (Barto y Bruno) y este paisaje sobrecogedor. Para mí este safari fue un canto a la alegría de vivir. Con esta experiencia pude volver a estar presente, observar cómo la vida vibra con fuerza en este lugar del planeta y sentirme inmersa en él.

De alguna manera, aunque nunca había estado en Tanzania, ni siquiera en África, sentí que me reencontraba conmigo misma. Los días y las horas pierden sentido mientras recorres su tierra, solo existen los momentos memorables que siempre perdurarán. Aunque solo durara una semana, para mí esta experiencia fue más allá del tiempo, resultó transformadora y me ayudó a tomar perspectiva y recordar lo que de verdad importa.

Ya hay otros viajeros que han narrado rutas iguales a la nuestra (Arusha – Tarangire – Ngorongoro – Serengeti – Karatu – Mto Wa Mbu – Arusha), así que contaré aquellos momentos que han quedado para siempre en nuestra memoria.

Elegimos Tanzania porque nos interesaron más las visitas culturales y los paisajes, además queríamos evitar encontrarnos con demasiados viajeros. Para empezar, recuerdo el día que Barto y Bruno nos recogieron en nuestro alojamiento y Barto nos enseñó el mapa del Serengeti.

Iniciar nuestro safari con personas autóctonas de gran sonrisa no tuvo precio. Barto enseguida empezó a charlar con nosotros y hacer bromas, y ya en ese momento supe que serían días muy especiales. Al final del trayecto incluso habíamos creado nombres divertidos (¡el gallo de colores!) y compartido expresiones como nuestra “¡aventura, pura aventura!”.

Creo que vivir este viaje con Barto y Bruno fue esencial, tan esencial como visitar a los animales africanos y disfrutar de sus paisajes. Son muchas horas juntos en el vehículo, y sin ellos nada hubiera sido igual. Nunca olvidaré nuestras comidas en su compañía (siempre en rincones auténticos), sus sonrisas perennes y la velada en el campamento donde nos alojamos en mitad de la sabana.

Tenían un interés e ilusión genuinos por enseñarnos su tierra, mostraban orgullo y alegría de pertenecer a ella y poder compartirla con nosotros. Sabían muy bien cómo encontrar animales (no nos quedó ninguno por ver, ni de los grandes ni del resto, y vimos muy cerca a casi todos) y además nos ayudaron a hacer unas fotografías impresionantes.

Recuerdo la primera vez que vimos un león, justo al lado de nuestro vehículo. Poder observarlo tan cerca y a la vez tan libre fue una sensación que merece la pena vivir. Esta sensación se repetiría después con muchos otros animales.

Fuimos testigos de escenas tan bonitas e impactantes como leones descansando al atardecer, una familia de elefantes cruzándose en nuestro camino, una leona durmiendo en la rama de un árbol, o un leopardo enseñando a su cachorro a cazar.

Tampoco se quedaban atrás las vistas de cebras apoyando la cabeza unas en otras, las magníficas jirafas, los monitos ladrones de comida, los hipopótamos echándose agua en la charca, las graciosas gacelas o los maravillosos baobabs, entre muchos otros.

Es muy recomendable visitar el pueblo Mto Wa Mbu (además del masai), conocer otras formas de vida abre mucho la mente y completa la experiencia tanzana.

Fue muy chulo visitar los campos de cultivo, aprender la famosa canción de Tanzania con nuestra guía Glori (“Jambo, Jambo bwana, habari gani, Mzuri sana…”) mientras paseábamos, ver sus casas, comer su comida tradicional (riquísima) y visitar el mercado.


También merece la pena, en algún momento del viaje, visitar un puesto de pinturas africanas (los coloridos y las formas son dignos de ver, nosotros decidimos llevarnos un cuadro como recuerdo).
Me gustaría, en nombre de los cuatro que viajamos, de nuevo recomendar y agradecer a nuestro guía Barto y conductor Bruno: En Barto destaca su buen humor, su alegría, su cercanía y sus ganas de hablar de animales. Nunca olvidaré la comida en la que estuvo de pie todo el rato para evitar que los monitos nos robaran el alimento.

En Bruno (le llamábamos “¡el p*** amo!”) destaca su profesionalidad al volante (hubo una mañana que llovió y el camino estaba fatal, nos dio mucha seguridad contar con Bruno), su creatividad para la fotografía y su pasión por el Serengeti.

También dar las gracias a Aitor y a Gregory, en especial a Gregory, que fue de mucha ayuda en toda la planificación de nuestro viaje y se mostró empático y flexible cuando nuestra aerolínea nos canceló uno de los vuelos. En cuanto a los alojamientos, nosotros elegimos el Outpost Lodge, el Octagon Lodge y el Serengeti Tanzania Bush Camp (realmente merece la pena pagar un poco más y pasar dos noches en este último).

Quedarnos en estos lugares formó parte del mismo safari, y tengo que decir que todos ellos contribuyeron a crear la magia africana. Jardines preciosos y auténticos en los dos primeros, y en cuanto al último, solo decir que se escuchaban los leones y hienas desde la tienda por la noche…también desde allí vimos los mejores atardeceres y amaneceres. Toda una experiencia.
Muy recomendables.


En definitiva, es un viaje para conectar; conectar con la naturaleza y el planeta, conectar contigo mismo y conectar con grandes personas, aprender de ellas y compartir. Asante sana, amigos, nunca os olvidaremos. Siempre formaréis parte de nuestra historia, y espero que nosotros de la vuestra. Hasta siempre, y ¡hakuna matata! Blanca, Rober, David y Eva






