Safari por Tanzania — La aventura de Caterina, Catalina, Marc y Víctor

Parque Nacional de Serengeti

Del 12 al 20 de agosto de 2025, Caterina, Catalina, Marc y Víctor vivieron un viaje inolvidable por el norte de Tanzania. Una ruta que combinó naturaleza, cultura y vida salvaje, recorriendo los parques nacionales más emblemáticos del país. Esta es su experiencia:

Llegando a Arusha, el primer respiro

Aterrizamos en el aeropuerto de Arusha después de un viaje largo, cansados pero con muchas ganas. Ahí nos estaba esperando el equipo de Udare, y la verdad que ese primer contacto marca bastante el tono del resto del viaje: nada de esperas ni confusiones, todo ya estaba coordinado.

Arusha es un lugar tranquilo para aterrizar, literal y figurado. Le dicen «la capital del safari» y se entiende por qué: está a los pies del Monte Meru y tiene ese ritmo pausado que ayuda a bajar un cambio antes de meterse de lleno en la sabana. Dormimos esa primera noche en el Mvuli Hotel, rodeado de plantas, y fue el lugar perfecto para descansar del vuelo.

Un día que no esperábamos: caminata y cascada en Elkidinga

Antes de arrancar con los parques, tuvimos un día que terminó siendo de los que más recordamos: una caminata de unos 15 km por la zona rural de Elkidinga, entre colinas, campos y pueblos pequeños, hasta llegar a una cascada escondida donde almorzamos al aire libre.

No fue un día de «gran fauna africana», fue algo más simple: caminar, cruzarnos con gente local, ver cómo es el día a día ahí. Confieso que al principio no entendíamos por qué el itinerario incluía esto antes del safari, pero terminó siendo justo lo que necesitábamos para entrar en tema de a poco, en vez de arrancar de golpe con horas de vehículo.

Cascadas de Elkidinga
Cascadas de Elkidinga

Tarangire: los primeros elefantes

Al tercer día empezó el safari en serio. Camino a Tarangire, ya se sentía el cambio: paisajes de sabana que no se terminaban nunca, baobabs enormes, y las primeras manadas de elefantes que vimos de cerca. También jirafas, cebras, antílopes… el clásico «ya estamos en África» que uno se imagina antes de viajar, pero verlo en persona es otra cosa.

Grupo al completo
Grupo al completo

Esa noche llegamos a Karatu y nos quedamos en el Mvuli Lodge Ngorongoro, con vistas al valle que valían la pena mirar un rato largo antes de ir a dormir.

El cráter que te deja sin palabras

El cuarto día bajamos al Cráter del Ngorongoro, y ahí entendimos por qué todo el mundo lo recomienda tanto. Es una de las calderas volcánicas más grandes del mundo, y adentro hay una concentración de animales que impresiona: búfalos, cebras, flamencos, y tuvimos la suerte de ver un rinoceronte negro, que no es nada fácil de cruzarse.

Después del almuerzo seguimos rumbo al Serengeti. El cambio de paisaje en el camino —de montañas a llanuras infinitas— ya te va preparando para lo que viene. Dormimos en el Serengeti Tanzania Bush Camp, en pleno parque, con los sonidos de la sabana de fondo. Al principio da un poco de impresión dormir tan «adentro», pero rápido se vuelve parte de la magia del viaje.

Serengeti: los días que uno se imagina antes de viajar

Los días cinco y seis fueron íntegramente de safari por el Serengeti, y son los que más nos costó resumir cuando volvimos y nos preguntaban «¿cómo estuvo?». Vimos manadas enormes de ñus y cebras, leones descansando bajo la sombra, jirafas caminando entre las acacias. El amanecer y el atardecer ahí tienen una luz que no había visto en ningún otro lugar.

Puesta de sol en Serengeti
Puesta de sol en Serengeti

El segundo día lo dedicamos más a buscar depredadores, moviéndonos temprano cuando los animales están más activos. Cerramos con una cena bajo las estrellas que, sin sonar cursi, fue de esos momentos que uno guarda para siempre.

Serengeti Tanzania Bush Camp
Serengeti Tanzania Bush Camp
Safari en Serengeti
Safari en Serengeti

De vuelta hacia Karatu y un día distinto en Mto wa Mbu

Después del último safari matutino en el Serengeti, volvimos a Karatu para pasar la noche otra vez en el Mvuli Lodge. Y al día siguiente tuvimos una jornada bastante distinta a todo lo anterior: recorrimos en bicicleta la zona de Mto wa Mbu, un pueblo donde conviven varias etnias tanzanas. Visitamos el mercado local y comimos algo preparado por mujeres de la comunidad.

Fue un buen cierre antes de volver a Arusha para la última noche: menos sabana, más contacto con la gente. Se agradece que el itinerario no sea solo «animales, animales, animales», porque conocer algo de la vida cotidiana tanzana le sumó bastante al viaje.

La vuelta

El último día viajamos hacia el aeropuerto de Kilimanjaro para el vuelo de regreso. Se siente raro volver a la rutina después de nueve días así.

Lo que más nos quedó, más allá de los animales y los paisajes, fue lo bien organizado que estuvo todo. No tuvimos que preocuparnos por logística en ningún momento: alojamientos, traslados, guías, todo encajaba sin sobresaltos. Y eso, cuando estás en medio de la sabana lejos de todo, se valora muchísimo.

Si están pensando en un safari por el norte de Tanzania, con Udare fue exactamente lo que esperábamos: bien armado, sin apuros, y con algunos días —como el de Elkidinga o Mto wa Mbu— que nos sorprendieron para bien y que probablemente no hubiéramos armado solos.

¿Estás pensando en tu propio safari por Tanzania? En Udare armamos itinerarios como este a medida. Contanos qué estás buscando y te ayudamos a planearlo.

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